jueves, 11 de agosto de 2011

lo que hace falta

Dar: -te-me-NOS más: amor. Y PENSAR (si hay azar en el momento en que damos un paso).

domingo, 7 de agosto de 2011

mediosmedios!

No me gustan las cosas que no están claras. No me gustan.  Pero voy a tener que aprender, de a poquito, a encontrarles la magia, que la tienen también, lo sé porque la probé y hay días que me gusta. Cómo manejarme en las medias aguas, en las medias tintas, en lo entredicho, con las entrelineas. Aprender a transitar el camino medio, a ceder, un poco para aquí y un poco para allá. A disfrutar del medio y ver lo que es y no lo que no puede ser.  Aprender a motivarse con lo que hay, con lo que es. Controlar la tendencia al demasiado, al tanto, al mucho y al tan y al muy. Aprender a repartir la energía y no sufrir cuando no es necesario. A no ver borroso cuando se puede ver claro y a tener paciencia con el hoy, y no apurar el mañana, me olvidaba. Todo eso.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Fugaces


Impresiones de un viaje, así como aparecieron,  fugaces, o lentas, sin procesar, sin palabras que suenan, solo momentos que fueron y  decidieron quedarse.

 Curioso, curioso. Tránsito y no pertenencia. Habría que sentarse un día a mirar caras, valijas, y más caras, mirar destinos y vidas que quizá se definan en este mismo instante. / Asomarse a la ventana y la luna, llena, llena que me observa. Y querer abrazar, embadurnarme de nube y de noche, jugar, cubrirme toda con nube y envolverme y nadar,  en eso que parece un campo de lana virgen sin hilar, a veces con formas extrañas, a veces solo un campo, con ríos negros por los que si fuera de día, vería la tierra, allá abajo, chiquita. Y la luna, llena, llena que me observa. /  Me acordé de antes. De la noche antes. Meditar y darme a mi misma un abrazo, dejar que él me abrazara, después de la puerta de la izquierda y me dieron ganas de llorar. Ellos me hacían falta. / Porto alegre, campos inundados y pobreza, pobreza, pobreza. Luego tierra casi virgen y las sombras de las nubes.Y luego San Pablo…ciudad ciudad ciudad hasta el horizonte. / Tierra tierra tierra roja, amarilla, verde, marrón y un río serpenteante que corre corre trazando curvas inesperadas y yo miro y miro por la ventana, maravillada, empapándome de las formas y los colores de la tierra. / El primer Profe es un ruso altísimo que podría resultar serio pero tiene una sonrisa apretada y picara que lo hacen divertido. / Al ver rezar a alguien tan fervientemente, con lágrimas en los ojos, pienso que sería lindo que hubiera alguien que la escuchara. / Caminar, caminar y caminar, y baños de agua helada. / Qué bonita sonrisa, porque sonríe con la boca y con los ojos, como alguien más. / Un trombonista que decidió ser el hombre más feliz del mundo. Si nos sale hoy, mañana saldrá. / Ser invitada por el otro profe adelante, no a tocar, sino a inspirar a los chicos!!! Que pegue por favor... / Definitivamente Hermes, estás sordo. / Una  mujer. Solo una me encontré, que sepa escuchar a la Luna. Y no era de acá. Qué cultura que a veces siento extraña, la feminidad acá es extraña, tiene que ser cada cual más, las mujeres son solo imágenes. Yo me sentiría cada vez menos mujer, cada vez más un objeto, una cosa, cada vez con menos contacto con la La mujer. Hasta niñas de 4 años, maquilladas, con rimel, sombra, delineador  y lápiz de labio, botas, minifalda, cartera y estampado de leopardo. Como van a hacer esas niñas para encontrarse con ellas mismas?  Donde está la mujer en esas que creen ser tan femeninas, donde esta su lado salvaje? Donde esta su lado maternal? Solo les queda la sensualidad pero una sensualidad vacía porque es solo una imagen mil y una vez reproducida. Son todas iguales. Perdieron desde niñas la habilidad de escuchar lo que susurra la naturaleza, y lo que la luna les canta para ellas desde e cielo, la luna que es la que las cuida y nos enseña a todas ser mujeres. No resaltan sino que esconden su verdadera belleza atrás del maquillaje y se cortan las alas con tacos altísimos  y la respiración con escotes apretados. / Noche noche, calorcito, como quien no quiere la cosa. / Un negrito divino de 4 años, con un ritmo increíble y haciendo perfecto la coreografía de los grandes. / Sabía que no era él pero seguía mirando a ver si era, si era, si era, y se desilusionó una vez más como una tonta. / La energía negativa se siente a la legua. Qué feo. Queda solo un día. Fuerza fuerza. / Post parto, es que alunas cosas de este festival las parimos de verdad. Voy a tener que tener fuerza, agarrarme de cómo brilla la risa, es algo lindo y es extraño también, lindo, extraño, hermoso, triste, todo. / El final es como estar en el medio, con un pie adentro y otro afuera y no queriendo salir pero no teniendo mas remedio. Soñé que hablaba portugués. Lo que??? / Escribir escribir, cualquier cosa en cualquier lado. Es así, es así, todo nace y todo muere, extrañar algo, un poco, mucho, un poco. / Y después se preguntan porque nadie los quiere en América latina. / Tiene como un brillo en los ojos que  no se, no se. Cuando sonríe cambia, que cosa mas rara, sus ojos cambian, su expresión cambia, todo él cambia. Cambia pero un cambio lindo como si fuera otra persona, la misma pero diferente. / Me contó a mi y nadie lo sabía. Por que me dormí??? Justo en el momento en que no debía… se necesitaba  más tiempo, bastante más tiempo. / Se llama Enzo. Es puras sonrisas y unos ojazos que me miran y me miran. Tiene once meses y viaja sobre la falda de su mamá a dos asientos del mío. En el medio esta su hermano Arturo de 3 que no le suelta la mano a su mamá ni dormido, porque tiene miedo. Enzo ser ríe y se ríe, me tira los brazos, canta. Cuando esta por arrancar a protestarle a la mama por algo, le pregunto qué pasó y se muere de risa de nuevo. Jugamos con las manos por sobre la cabeza de Arturo dormido. Le digo mmm que rico y repite mmm,, charla y charla conmigo con sus gorgoritos. Que cosa más linda!  / Cosas buenas tiene la vida. Pero tuvo miedo, quizá. / Se quiere quedar, se quiere quedar, yo sería una chimunga, no, no serías, no, no serías. Me gusta lo bueno. /  Acá estoy, a un avión, a un despegue y a un aterrizaje de estar en casa, las misma pero otra, es siempre lindo, mágico, con algo de misterio.

jueves, 14 de julio de 2011

Ella (antes de irme)

El otro día alguien me pregunto, ya ni recuerdo quién, si había escrito sobre ella.  Tenés que saber sobre ella, Mario, por que es mi gran amor. Porque no la he mencionado aún? Vaya uno a saber. Es que en realidad ella sabe que es Ella, la todo poderosa, la constancia en los caminos enredados de la vida. Y sabe que aunque no aparezca, está. Siempre está. Está en cada una de mis palabras, está en mis idas y en mis vueltas. Porque vive conmigo, me aguanta dormida todas las mañanas de mi vida hasta que los dedos se despiertan, y el alma se despierta y puedo empezar a charlar con ella, primero despacito y equivocándome, luego más fluido, y a veces, solo a veces, algunos días increíbles, soy solo como un cuerpo, un canal y es Ella que habla. Ella me comprende las mañas, esta al pie del cañón, me salva cuando estoy herida, me alimenta todos los días, me tiene paciencia. Ella, a la que le doy todo lo que soy, toda mi fuerza creadora.
 Ella, mi otra cara, mi cara que todos ven pero que acá estuvo oculta. Como las caras de la luna. Es que yo soy como una luna y por eso tengo dos caras, dos mitades. Y una aparece cuando desaparece la otra. Una son las palabras y la otra Ella, y Ella es una cara pero lo es todo también. Todo todo por que sin ella simplemente no puedo vivir, cuando bien podría vivir sin las palabras.  Es una necesidad física, casi vital, de ella depende mi bien estar, y si ella no está nada pueden hacer las palabras para curar su ausencia. Es que Ella soy yo y yo soy Ella.

Lunar-es

Son cuatro. Uno. Dos. Tres. Cuatro. Uno dos y tres son como las tres marías. Exactamente con esa forma. Uno, tres y cuatro también. Son un reflejo del cielo nocturno. Como si tuviera constelaciones trazadas con lunares en la piel. También son un reflejo de mi misma. Son como yo.  Todos y cada uno.  Un poco raros. El primero es perfectamente redondo, abultado pero su textura es rugosa, con manchitas. Y con los bordes difusos porque sabe navegar en las mediastintas.  Sabe ceder y contentarse con lo que tiene. Se asoma para afuera a ver el mundo, es curiosos, observador, simpaticón. Se ríe mucho. Cuando aparece, se nota su presencia. Con su estilo, sabe ser provocador porque tiene algo que por algún lado puede llamar la atención.
El segundo tiene un color homogéneo, compacto, pero tiene una forma triangular extraña, un tanto intransigente. Les hace creer a todos que es seguro de si mismo, y que tiene mucha fuerza. Hasta puede resultar arrogante, soberbio o despectivo para los que no lo conocen. Pero en le fondo él no está tan convencido.
El tercero, chatito contra la piel, es muy tímido. Es color café con leche con mucho más leche que café. Es acomplejado, siempre tratando de esconderse. Le gusta el perfil bajo y que nadie note que está. Es mejor que todos vean al primero y que a él lo dejen en paz. Pero atrás de todo eso, es el más tierno, el más dulce, el que sabe querer.
El cuarto es un promedio. Su forme y su color son tranquilos. Son como un equilibrio. Pero no lo veo porque esta muy cerca de la clavícula. Parece chiquito e indefenso, allá alejado en el fondo, pero es valiente. Es el que no le teme a la soledad y disfruta de estar solo. Es la fuerza. Todos y cada uno. A veces Uno. A veces Dos. A veces Tres. Y a veces Cuatro. A veces una mezcla de todos.

 


miércoles, 13 de julio de 2011

un comentario a la gran Rayuela gran

Son esas cosas que te marcan, un objeto, un comentario, una situación, puede ser cualquier cosa y paf, es como si recibieras una gran  cachetada. Ves de otra manera. Está bueno porque después de una gran cachetada uno es otro. Va, en realidad uno va siendo otro todo el tiempo pero tenemos algo que se llama memoria que es una máquina infalible  de borrar cosas y sacar a relucir los trapitos que se le ocurren. Algunas cachetadas quedan marcadas, otras la memoria las manda en penitencia al cuartito y otras le resbalan. Al leer siempre estamos recibiendo pequeñas cachetadas. Por ejemplo si uno lee Me llamo Lucía pero me dicen Maga. Paf (Cortázar). Tengo seis años. Paf  (?). Vivo con mis papis y mis dos hermanos de tres y de cinco. Paf (???). Me gusta jugar a las barbies. Paf. Me había ido al carajo. Se entiende?  Aunque es un poco (del todo) la gracia de la literatura, ya lo dijeron el grupejo de la Teoría de la Recepción. Las grandes obras literarias son como grandes cachetadas, de las que te dejan una marca. Y después ves de otra manera. Aunque en realidad cada cachetada paf es una casualidad y ni sabe todo el lío que arma. Es tener el cachete ahí en el lugar indicado en el momento indicado. De lo que fácilmente se deduce que la vida es un cúmulo de cachetadas paf en absolutísimo desorden (?). En realidad también se puede pensar que las cachetadas te reubican en el camino. O por lo menos te ponen en un camino. Andá a saber cuál. Uno va como medio ciego. Tibio. Tibio… Frío. Paf. Tibio. Más calientito. En esta escala se deduce que todos buscamos el caliente, todos buscamos el kibutz del deseo como diría Oliveira. Paf. Rayuela. Esta vez era en serio. Yo lo que le diría al desgraciado de Oliveira es que se permita coincidir con su propia vida, que el que mucho abarca -piensa- poco aprieta -vive-, y sobre todo, que hay que dejar de buscarlas para verlas a las sonrisas del asunto y que en casa de herrero cuchillo de palo. Paf. Nada que ver. Es que también creo que en casa de herrero cuchillo de palo. Es como cuando terminaste un libro bueno y se lo querés contar a todo el mundo y contárselo (en realidad con un par de personas no más, está bien). O sentarse a ver la luna partida (o llena, eso es a gusto del consumidor), o comer tierra como algún personaje de García Márquez, o observar en su hábitat natural a los monos tiqui-tiqui (o tiki-tiki, según la enciclopedia) que son una especie de monos que acabo de inventar. Paf. En fin, todo eso o situaciones afines. Se entiende. Cada loco con su tema. El punto es estar ahí, y contarle a todos y comer la tierra y mirar la luna o los monos y no estar afuera pensando en todo eso como si la felicidad estuviera la ignorancia de estar ahí, o en otra parte que no sea nosotros mismos.  A mí por ejemplo, me encanta poner cosas en los cuatro centímetros de tabla que quedan entre los libros y el precipicio del estante de una biblioteca.  Es solo porque se ven lindos esos detalles al borde del precipicio, sin ningún doble sentido, por favor, por que es un precipicio tranquilo. Al fin y al cabo tiene metro y pico.  Claro que eso no lo dice la muñeca de porcelana sentada al borde que sabe muy pero muy que si se pasa de lista…paf. El tema es que hay algo de querer sonreír. Donde la palabra más importante es querer. Habría que subrayarla con rojo. Esto está demasiado metafísico, pero del lado de acá, no del lado de allá. Igual, yo en todo esto no tengo nada que ver, porque todo fue por casualidad, todo fue casualidad y ya ni me acuerdo cuando comenzaron las casualidades, ya ni me acuerdo el momento cuando conocí a las personas que me regalaron este libro. Ven lo que les digo de la memoria? Aunque en realidad deben de haber comenzado mucho antes de eso porque todo es una forma, una manera simplemente, en eso estamos de acuerdo con Julio y con Oliveira. Es como elegir las palabras para hablar, pero hablar para decir algo, o para decir nada, o para decir mucho diciendo nada. Eso es. A que si? El resto bien, gracias. Paf.

domingo, 10 de julio de 2011

Jugar para que suenen.

A mi me gusta como suena la efe, la efe de fundirse, de  feliz, de fuente, tan femenina , la efe que también  me hace recordar el tiempo efímero de las flores, que fluye, o flota, se diluye y se esfuma. Me gusta la eñe de cariño y de niño, la ene de noni, y me gusta la eme de las palabras mujer, magia, mamá,  perfume y de la palabra amor,  que cuando dice te amo tiene una eme que ya es como muchos mimitos enamorados. De las vocales me gusta al u, que está en tú, en dulce y en universo y es una letra que esta buena  para usar cuando queremos que las palabras tengan una luz afectuosa como la luz de la luna luna que brilla suavecito en el cielo nocturno y resuena con unas gotitas de misterio. Mientras que para que suene a susurro, hay que usar palabras suaves, sencillas, que tengas muchas eses, o ces  y que suenen despacito, como caricias, como esperanzas, como sueños dulces. En realidad,  la ese de esencia tiene muchas caras porque también puede ser salvaje, provocadora y sensual, puede ser una ausencia, porque está en el sonido del silencio o puede ser como una caricia que te sane, te cure, de salve. Me gusta la ese, pero no me gusta mucho la c como en carne, me hace acordar a la angustia por que tiene algo duro, es como una arcada casi, algo que está quebrado, crispado, y tiene algo de rezongo y de condena que te carcome adentro. 
Pero me encantan las palabras con el diminutivo íto, por que suenan chiquititas, dulces, calentitas, como mimitos que ya la dije, o cunita. O pancita o manitas. Es que todo depende del contexto y las palabras cambian y los sonidos cambian y todo cambia.
La au de ausencia es triste y solitaria, da un poco de miedo en aullido como la gr de grito y la ch de chirriar, pero es linda y luminosa en aurora. Por eso a veces esta bueno también inventar palabras como la famosa trilce que invento Vallejo, como el gíglico de Cortázar en el capitulo 68 de Rayuela que es el gran arte de sugerir y es inigualable.
Inventar palabras que suenen como girasoles, porque brillan y giran como soles y no tienen nada que ver con la flores pero puede que si sean amarillas. A eso me refiero.
A  jugar un poco y hacerlas sonar a las palabras y que retumben adentro de alguien. Y que creen algo. Porque al fin y al cabo las palabras son sonidos. Son sonidos encerrados en palabras, en significados que los limitan un poco al volverse cotidianos. Yo, de jugar con las notas, sé que los sonidos sí llegan al fondo, sin el muro de los significados, crean sensaciones y dicen tanto sin necesidad de palabras sino como una energía que no se sabe de donde sale pero está ahí, como un impulso que es inasible y que fluye o se corta a su antojo.
 Para liberarlos hay que  jugar con las palabras. Jugar a que suenen y que sean nuevamente sonidos. Como en las lunas lunas y los verdes verdes de García Lorca, como el Arte Poética de Borges,  como la poesía de Idea, entre tantos otros. Como en la búsqueda de no literatura de Cortazar, de harto nomás que estaba del significado.
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