Se hace la noche en un pueblo de Cataluña. Los niños juegan y corren por la plaza. Mi sensibilidad cansada espera sentada en un banco y de piernas cruzadas, a que baje el agua. El aire de la noche no es cálido ni frío. A mi lado hay un árbol que presencia todo. A los niños, a la noche, al aire y a mi, de piernas cruzadas, mientras escribo en un papel arrugado de chocolate. A mi me asombra su habilidad de ser, simplemente ser, con tanta calma, parte del todo y del constante cambio.
martes, 1 de diciembre de 2015
sábado, 25 de abril de 2015
El agua
Estoy llena de agua,
Mario. Cierro la boca y los ojos y me tapo las orejas para que no salga, pero
está, Mario, el agua.
No es su
culpa. Es toda mía. Las dejé con el agua, Mario, al otro lado de la puerta. Me fui
para otro lado, a mirar por la ventana, y se ha juntado el agua, y se han
juntado ellas, al otro lado de la puerta.
Pienso
ahora que fui yo. Que las juzgué y las escondí, las tranqué, porque no debiera
estar esa agua, y me doy vuelta y miro por la ventana.
Pero si
pego la oreja a la puerta, Mario, siento el agua, siento el ruido del agua y
las ganas de correr, lo siento en el pecho y en los ojos y a veces, después de
escuchar un rato, saco alguna de las trancas de la puerta. Es difícil. Hago fuerza.
Sale entonces un chorrito que no dura y lo siento correr en los ojos. En un
dolor que es un alivio, aunque haya mucha más agua, Mario, del otro lado de la
puerta.
lunes, 1 de septiembre de 2014
Esbozo de autorretrato.
Sonido, silencio, interior, exterior, quietud, movimiento, palabras,
música, mente, corazón, intelecto, sentimientos, racional, irracional,
absorber, transmitir, entender, expresar, escuchar, proponer, ordenar, acatar,
sufrir, disfrutar, fortaleza, debilidad, voluntad, desgano , disposición, indecisión, empatía, indiferencia,
perseverancia, desánimo, rigidez, libertad, timidez, valentía, torpeza, agilidad,
intuición, ceguera, tosquedad, diplomacia, estructura, anarquía, dureza,
ternura.
De ti...
A ti que te he dedicado tantas
palabras, tantas, tantas casi más que a Mario. A ti que me costó tanto
desterrarte, qué te tragaste mis palabras mías, que las acaparaste, que me las
robaste tanto tiempo. Tú. Una conversación trivial, muchos kilómetros, muchos
miles para variar, pienso que estás ahí, estás.
Tú, tú, del otro lado de esa escritura, de ese otro
lado lejos. Son originalmente tuyas esas
palabras vivas, son la prueba de tu existencia, me acuerdo de tu sonrisa de
costado. Estás escribiendo, te
imagino escribiendo eso que aparece ante mis ojos. Y ya lo siento, ya está ahí.
Qué fácil. Solo hace falta una existencia.
Y finalmente, después de todo, de chocarme
contra la pared, de no quererlas, finalmente, mis palabras mías, hablan de ti.
miércoles, 27 de agosto de 2014
Crecer raíces
Es casi otro tipo de meditación, pero esta vez con los ojos
bien abiertos y las manos en la tierra. Voy y vengo, hay muchas macetas, hay
tierra por todos lados. Tierra, agua, mis manos todas negras y muchas plantas.
Ver crecer, regar, cuidar. Qué textura linda tiene la tierra. Tierra seca y
barro aguachento. Qué lindo el barro que da vida. Plantar y ver crecer, dar
vida y dar vida al aire que necesito para mi propia vida. Se siente tan natural
como respirar. Plantar, trasplantar, regar, cuidar y ver cómo junto con ellas,
a mí también me crecen raíces. Me es tan natural tener las manos en la tierra.
De la misma botella, un traguito para mi, un chorrito para ti. Qué rica el
agua, qué placer compartirla. Siento la vida en el agua y las plantas me dicen
cuando tienen sed. Algunas me dan aire, algunas me dan sabor en mis comidas,
algunas me dan comida o me curan. Yo les hablo y les cuento cosas, les agradezco
cada vez. Es fácil, un día por mí, un día por ti. Algún día yo también las
alimentaré a ellas.
Así de simple
Todo es por tus sonrisas. No dejo de sorprenderme cuando te
veo sonreír. En tus sonrisas te veo. Te veo a ti. Casi sin conocerte, te veo
entero. Hoy, fue como una caricia suave, cálida, tan tierna, tan íntima,
verdadera, como si fuera un regalo solo para mí. Enseguida tus ojos se van, se
escabullen, se filtran para esconderte y protegerte de no sé qué que te asusta.
Pero yo ya te vi, te descubrí, la vi a tu sonrisa y en ella te vi entero. Y me
quedo con algo cálido, con una especie de confianza. Me quedo con unas ganas de
abrazarte, tocarte, sentirte cerca. Y todo es por tus sonrisas.
Sabor extraño
Hablar contigo me deja un sabor a vacío del que me había
olvidado. Un sabor a vacío y a lejanía en la garganta y en el pecho. Me deja
como en un borde, como en un filo. Me deja incómoda en mi cuerpo, ansiosa, me
deja buscando, esperando más. Hablar contigo me deja como una cosa encendida
que quiero que se apague y no se apaga, y está ahí, y no se va, y yo me
pregunto de dónde salió, me pregunto cómo fue que me agarró desprevenida y así,
tan fuerte y con tan poquitas palabras. Tus palabras me dejan sorprendida de la
sed, de la sed que me golpea, de la mucha sed que estaba escondida y se
despierta de golpe cuando leo tu puchito de palabras, cuando leo tus palabras
que vienen como en cuenta gotas. Y yo tengo sed. Yo quiero más porque no se
apaga. Quiero más palabras y quiero más. Más que palabras. Yo quiero más y
hablar contigo me deja como en un borde, como en un filo, con sed, y sin agua.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)